COP23, la estrategia contra el cambio climático

Publicado el jueves, 30 de noviembre de 2017

“El conocimiento produce paradigmas que nos impiden ver las cosas de un punto de vista diferente y que limitan así nuestro potencial de innovación. Para hacer frente al cambio climático, tenemos que aprender a abandonar nuestros paradigmas”

– Ernesto Ciorra, Chief Innovability Officer de Enel

En COP23 también se entregaron premios a 15 organizaciones que brindan ideas creativas y novedosas para solucionar el problema de la pobreza energética y promueven la sostenibilidad en Europa. La iniciativa “Social Innovation to Tackle Fuel Poverty”, que Ashoka y Fondazione Schneider Electric lanzaron en el pasado mes de junio en cooperación con Enel, recibió más de 40 solicitudes de participación. Una respuesta excelente, que se consiguió también gracias a Open Innovability, nuestra plataforma de colaboración masiva para la búsqueda de ideas dedicadas a la innovación y la sostenibilidad. Los ganadores procedían de Alemania, Grecia, Portugal, España e Italia. Por lo que se refiere a Italia, fue representada por Giulia Detomati de InVentoLab, Fabio Gerosa de Fratello Sole, Alberto Gastaldo de Energia Positiva y Marina Varvesi de Assist-Aisfor.   

La digitalización como factor de ruptura

La innovación no sólo implica repercusiones en nuestra forma de pensar o en el desarrollo rápido de nuevas soluciones tecnológicas, sino que modifica nuestros modelos de negocio. La robotización, el Internet de las Cosas, la inteligencia artificial y la realidad aumentada son los cimientos de una nueva revolución industrial, cuyos efectos se debatieron con ocasión de la reunión “Industry 4.0 Future - Creating jobs, accelerating clean energy and enabling policies”. Para nuestro Grupo intervino Andrea Valcalda, Jefe de Sostenibilidad de Enel, quien hizo hincapié en el impacto de las redes inteligentes y de la digitalización en el sector eléctrico. Potencialmente se trata de factores “de ruptura” por ser capaces de empujar el negocio hacia un modelo que se centre más en el servicio que en la posesión. Además, la unión de tecnologías inteligentes y energías renovables permite entrar con más facilidad en los mercados en desarrollo: un ejemplo es la reciente puesta en marcha de un proyecto en Etiopía para la realización de una planta fotovoltaica en Metehara. La planta comenzará a funcionar en 2019 y generará unos 280 GWs al año, evitando la emisión a la atmósfera de unas 296.000 toneladas de CO2. 

“Las redes inteligentes son un ejemplo del proceso de fusión gradual entre la inteligencia humana y la de la máquina, pero representan también una tecnología sin límites de aplicación. Gracias a las energías renovables, las redes inteligentes se pueden utilizar tanto en entornos urbanos desarrollados como en países emergentes”

– Andrea Valcalda, Jefe de Sostenibilidad de Enel

Una estrategia única para las Políticas de Tarificación Internacional de las Emisiones de Carbono

Aunque el mercado aparece cada vez más interconectado desde el punto de vista tecnológico y de la circulación de productos, las herramientas normativas adoptadas por cada país permanecen todavía desiguales. En este sentido, el reto mayor concierne las Políticas de Tarificación Internacional de las Emisiones de Carbono, sobre las cuales discutieron la Fundación Enel y la Universidad de Harvard con ocasión de dos eventos que protagonizaron para nuestro Grupo Simone Mori, Jefe de Asuntos Europeos, y Daniele Agostini, Jefe de Políticas bajas en Carbono y Reglamentación del Mercado del Carbono. El objetivo compartido es trabajar para conectar las políticas regionales y nacionales con el fin de redistribuir los resultados de la reducción de las emisiones a todos los niveles de un sistema de valores límites y comercio de derechos de emisión, o sea capaz de limitar la cantidad de contaminación que una empresa puede producir.

Hoy en día existen hasta 6 formas de reglamentación que se aplican en la Unión Europea, en Nueva Zelanda, en Estados Unidos, en California, en Corea y en China, pero también 12 tipologías diferentes de impuestos internacionales. Sin embargo, de aplicar el artículo 6 del Acuerdo de París, sería imposible armonizar el escenario actual a través de negociaciones fundadas en principios compartidos. Hace falta encontrar un punto de equilibrio entre la flexibilidad de las reglas y su perfeccionamiento, evitando una distribución desigual de las plantas energéticas.

Amortiguadores contra los efectos del cambio climático

Sin embargo, los esfuerzos por eliminar las emisiones y su reglamentación no deben descuidar el impacto de la fuerza de trabajo en la etapa de transición. A este tema se dedicó la sesión de información empresarial “Just Transition”, organizada por la Confederación Sindical Internacional, en la que participó Cristina Cofacci, Industrial Relations and Labour Law manager de Enel. Nuestro Grupo considera como sumamente importantes el diálogo con el territorio y la necesidad de incluir en un modelo de economía circular también los recursos que el desarrollo tecnológico hizo improductivos: la trayectoria de reconversión de 23 ex centrales en Italia, a través del proyecto Futur-e, puede representar un punto de referencia a nivel internacional para la capacidad de generación de nuevas oportunidades sociales y de empleo. Por ejemplo, a través de la inversión en proyectos contra el cambio climático, que hoy pueden financiarse gracias a la emisión de bonos verdes por el Banco Europeo de Inversiones (BEI), o a herramientas financieras como el Mecanismo Internacional de Varsovia para las Pérdidas y los Daños relacionados con las Repercusiones del Cambio Climático para los países afectados por el cambio climático, que se instituyó con ocasión de la COP19, y empezó sus actividades tras la Conferencia de Bonn. Sus resultados se averiguarán en Katowice, en Polonia, con motivo de la COP24 en 2018.

A pesar del esfuerzo demostrado por los países industrializados en la última conferencia, algunos países en desarrollo quisieran un compromiso más fuerte por parte de éstos. Todos se fijan en el Balance Global del 2020, año en que las contribuciones nacionales voluntarias contra el cambio climático aumentarán para alcanzar los niveles establecidos por el Acuerdo de París. Sin embargo, un cambio positivo podría incluso llegar antes, precisamente desde Katowice, donde todos los países signatarios del Acuerdo averiguarán los resultados de la ejecución del Acuerdo: la rapidez con la que muchos de ellos respondieron a su adopción en 2015 – con más de 80 ratificaciones sólo un años después de firmar – parece un buen augurio para el futuro.