Movilidad eléctrica: la Europa que respira

Publicado el jueves, 10 mayo 2018

Un agente contaminante acecha a Europa. Mientras que, entre 1990 y 2015, las emisiones de gases de efecto invernadero se han reducido en la industria, la construcción y la energía, no ha sucedido lo mismo en el sector del transporte, donde se produjo un aumento del 20%. Es un fenómeno que no sólo pone en peligro el logro de los objetivos europeos de la protección del clima, sino que también compromete la salud de los ciudadanos y la calidad de vida: cada año, sólo en la Unión Europea, 400 mil personas fallecen prematuramente como consecuencia de la contaminación atmosférica producida, en gran medida, por el transporte.

Se trata de datos que requieren la adopción de medidas eficaces. Todos coinciden en que la movilidad eléctrica es la solución más prometedora, pero la cuestión es qué hacer para que se difunda a gran escala. Para sugerir posibles soluciones, el laboratorio de ideas europeo especializado en asuntos económicos Bruegel organizó el pasado 3 de mayo en Bruselas un encuentro titulado: “Cleaning up Europe’s transport sector: which strategies?”.

En el discurso principal del evento, el Administrador Delegado y Director General de Enel Francesco Starace, puso de manifiesto la importancia del desarrollo tecnológico. Los dos factores principales que dirigen los cambios que se están produciendo en el mundo de la energía, están dirigiendo también los del sector automovilístico. El más evidente es la digitalización, visible en el salpicadero de todos los automóviles, y que resulta fundamental también para establecer y gestionar de forma eficaz y flexible la red de infraestructuras de recarga de vehículos eléctricos, hasta convertirlos en herramientas para estabilizar la misma red cuando estén aparcados. El otro factor es la evolución de la ciencia de los materiales, que los hace cada vez más resistentes, duraderos y baratos. Esto sirve especialmente para las baterías, cada vez más eficientes, gracias a las que los vehículos eléctricos serán, en los próximos años, plenamente competitivos con respecto a los vehículos tradicionales.

Sin embargo, de momento el mercado no puede apoyar por sí solo el crecimiento de la e-movilidad, son necesarias medidas a nivel normativo. Lo explicó Simone Tagliapietra, investigador de Bruegel, al presentar los resultados de su estudio “Addressing Europe’s Failure to Clean up the Transport Sector”. Hasta la fecha, no han faltado acciones políticas, pero a estas sí les ha faltado una coordinación a nivel ciudadano, nacional y comunitario. Por ejemplo, algunas ciudades han prohibido la circulación de vehículos diésel o de gasolina antes de 2030 o 2040, pero se trata de iniciativas aisladas y, por lo tanto, no muy eficaces. La primera recomendación de Tagliapietra a las instituciones europeas, es que promuevan iniciativas como ésas. La segunda, en cambio, concierne a las políticas fiscales, que pueden contribuir a orientar hacia la movilidad sostenible tanto a la industria como a las conductas de los consumidores. Por último, la Unión Europea tendría que implementar un plan de financiación a favor de la investigación y la innovación en el sector de la movilidad sostenible, de manera que protejan el medioambiente pero también para consolidar y relanzar el liderazgo de la industria europea a nivel mundial.

A estas recomendaciones, el Administrador Delegado y Director General de Enel añadió una más: apostar por la electrificación del transporte público, ya que actualmente consume mucho y pasa la mayoría del tiempo circulando en las calles. Y que, sobre todo, forman parte de flotas, cuyo paso a la alimentación eléctrica puede ser reglamentado más fácilmente que los vehículos privados.

Francesco Starace finalizó su exposición con un mensaje optimista: aunque la transición hacia la movilidad eléctrica será lenta, ya es un fenómeno evidente e imparable. Las grandes marcas también se han dado cuenta de esto: hoy ya no es un disparate imaginar un motor eléctrico montado en un Ferrari o una Harley Davidson.