Internet de las cosas, todas las cosas conectadas

Internet de las cosas, todas las cosas conectadas

Bucarest acogió la duodécima edición de #EnelFocusOn. Tema: la Internet de las cosas para la energía. El huésped de honor, el experto Tom Raftery, dialogó con Fabio Veronese, Director de Infrastructure & Networks Digital Hub de Enel, y con un grupo de “influencers” internacionales

El climatizador que se regula con palabras, el reloj que mide la presión sanguínea, el frigorífico que ayuda a hacer la compra. Todo esto ha aparecido en poco tiempo. Una revolución silenciosa que ha ido transformando las cosas inanimadas en objetos inteligentes. Es la Internet de las Cosas (Internet of Things, IdC en español) el tema central de nuestro duodécimo #EnelFocusOn, celebrado el 26 de noviembre en el parque científico y tecnológico Magurele High Tech Cluster de Bucarest, en Rumania.

Una revolución en curso que hará que “dentro de diez años ya no se hable de Internet de las Cosas, porque estará todo conectado”, cuenta el ponente principal del evento, Tom Raftery, Global VP, Futurista y Evangelista de Innovación de SAP, multinacional líder en software de gestión empresarial.
“La IdC es el presente, no una cosa futurística”, explicó durante la inauguración Roberto Deambrogio, Director de Comunicación de nuestro Grupo, encargado de coordinar la conferencia, transmitida en directo por streaming, en la que participaron empresarios digitales, blogueros, periodistas y consultores procedentes de todo el mundo.

 

No solo domótica: los servicios IdC de la energía

Ya en el 2008 los objetos conectados superaban el número de habitantes de la Tierra. En el 2020, los objetos inteligentes serán 50.000 millones y se estima para el 2025 una facturación cercana a los 6 trillones de dólares. Sin embargo, agregó Deambrogio, “no hay mucho conocimiento al respecto: según estudios realizados en Estados Unidos, la mitad de las personas no sabe que actualmente muchos objetos del hogar están potencialmente conectados a la red”.
El hogar, es decir, la domótica representa en realidad una de las muchas posibles aplicaciones de la Internet de las Cosas, pero es, quizá, el ejemplo más usado de dispositivos que están invadiendo nuestros hogares, como los asistentes vocales de Google, Amazon y Apple.
Actualmente, ya se encuentran en varios sectores muchos objetos y herramientas que se convierten en inteligentes gracias a su capacidad de recabar informaciones y comunicarlas. Así lo recordó Raftery en un paréntesis de su ponencia, que abarcó diferentes temáticas: desde la sanidad hasta la movilidad, desde la inteligencia artificial hasta la robótica, con un enfoque específico en la energía conectada, tema central de la conferencia.

“En el sector energético, el escenario ha cambiado completamente”, comenzó Raftery, citando la ley de Swanson, que indica que el coste de las células fotovoltaicas de los paneles solares disminuye un 20% cada vez que la capacidad productiva se duplica, mientras que el precio de las energías fósiles tiende a aumentar. Además, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), en el 2027 la eólica representará la fuente de energía más importante de Europa. Las nuevas tendencias más significativas de la IdC son dos, que además son dependientes entre sí: el desarrollo de las renovables hará que la energía se distribuya cada vez más y el consumidor pueda devolver su exceso a la red, mientras que gracias a la tecnología los costes de almacenamiento seguirán disminuyendo progresivamente.

 

Respuesta a la demanda y el rol de Enel

Raftery citó numerosos ejemplos intachables: desde la central de energía virtual de Tesla en Australia, donde 50.000 hogares podrán aprovechar la energía solar de la red, a la tecnología Vehicle-to-Grid de los coches eléctricos, de la que se estima un volumen de negocio de 2.000 millones de dólares en el 2025. Esta tecnología ya ha sido introducida por Enel en Dinamarca y la estamos experimentando en otros países europeos, como Italia.
Gracias a la Internet de las Cosas, a día de hoy los servicios de respuesta a la demanda permiten regular el consumo energético propio, permitiendo una mayor flexibilidad y estabilidad de la red; por ejemplo, los servicios que ofrece nuestra línea global de negocios Enel X, nacida hace un año y que hace pocos días inauguró su filial en Bucarest, como recordó Georgios Stassis, Consejero Delegado y Country Manager de Enel Rumania.

Gracias a la digitalización de la red, que hoy presta servicio a 50 millones de clientes en el mundo, nuestro Grupo puede ser considerado el pionero de la IdC, explicó Fabio Veronese, Director de Infraestructure & Networks Digital Hub de Enel. “Enel está afrontando dos retos: el primero es sobre la calidad del servicio en términos de resiliencia, prevención del riesgo y alerta en tiempo real; el segundo, sobre la medición de los consumos con los nuevos smart meters (contadores inteligentes), donde se pasa de una lectura mensual por cada consumidor a cien lecturas al día”.
Gracias a los nuevos sensores, actualmente es posible recabar y enviar datos, por ejemplo, de los niveles de humedad, de ozono, de ultrasonidos, etc. Las informaciones captadas por los sensores se transmiten a las puertas de enlace y se elaboran por los centros de datos a través de algoritmos de aprendizaje automático, que elaboran modelos cada vez más sofisticados de lectura de datos. Un proceso que, como describió Veronese, se llama AIoT, es decir, inteligencia artificial aplicada a la Internet de las Cosas (por sus siglas en inglés), y que provoca enormes beneficios relacionados con la eficiencia de la red. Además, gracias a los smart meters 2.0, hay una mayor conciencia de los consumos y una mejora de la fidelidad de los clientes. “Durante años las empresas de servicios públicos educaron al cliente a consumir menos”, explicó Raftery, mientras que en el nuevo escenario de la energía producida con una mejor distribución y un consumo más eficiente “las ganancias llegarán desde los servicios”, mejorando la calidad de vida de nuestros hogares y de nuestras ciudades.

 

La IdC mejora la calidad de vida

#EnelFocusOn (en línea con la filosofía Open Power) se confirmó como el formato ideal para afrontar cuestiones sobre el futuro de la IdC, dando la posibilidad a los participantes de hacer preguntas a los oradores a través de las redes sociales. Por ejemplo, se interpeló sobre los riesgos de la ciberseguridad de los dispositivos conectados en la red, las implicaciones en la privacidad por la mayor disponibilidad de datos, las posibles desigualdades sociales para acceder a los nuevos servicios digitales, la exigencia de amoldar los tiempos de la innovación, cada vez más rápidos, con los de los servicios y las interfaces intuitivas. Fue muy útil la experiencia de George Buhnici, periodista de televisión y dueño de la primera “Passive House Premium” certificada de Rumania, una casa de madera que maximiza la eficiencia energética a través de sistemas de IdC y que asegura un bienestar térmico sin tener sistemas de calefacción convencionales. “Tengo que utilizar 17 aplicaciones para monitorizar mi casa, aunque sería mucho mejor si pudiera utilizar una sola”, explicó. En resumen, la IdC debe mejorar la calidad de vida en vez de aumentar la complejidad. Como recuerda Deambrogio, es lo que hoy está sucediendo, y mucho más rápido de lo que pensamos.

Los tiempos cada vez más veloces de la innovación obligan a las empresas a reorganizarse. Según Veronese, es necesario seguir el ejemplo de Amazon y Netflix (empresas basadas en datos, con una estructura cada vez más ágil, con equipos dedicados a resolver un solo problema tecnológico a la vez) sin perder el tiempo en escenarios futurísticos y en previsiones sobre el futuro que a menudo son superadas por la realidad. Raftery agregó que “es necesario recordar que, en la innovación, los fracasos sirven y el error no es un problema”.

Ya se están proyectando aviones totalmente eléctricos. “Yo acabo de aterrizar en Bucarest gracias a un piloto automático”, citó Veronese. “En el futuro, la tripulación de los aviones la formarán dos individuos: un piloto y un perro; el primero, para que los pasajeros estén tranquilos, y el segundo, para que nadie toque nada”, dijo bromeando Raftery.

El futuro ya está aquí: conectado, eléctrico y cada vez más autónomo.

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