Movilidad eléctrica: consejos para la sostenibilidad

Movilidad eléctrica: consejos para la sostenibilidad

Descubre cuáles son las acciones más eficaces para promover la movilidad eléctrica según el informe del World Economic Forum

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La pregunta no es si las ciudades del futuro podrán ser más sostenibles: deberán serlo necesariamente ya que dentro de treinta años albergarán el 70 por ciento de la población mundial. El tema es cómo lograrlo, es decir, comprender cuáles son las estrategias más eficaces para ponerlas en acción.

El Foro Económico Mundial (World Economic Forum) ha publicado un informe titulado “Electric Vehicles for Smarter Cities: The Future of Energy and Mobility” que se concentra en dos aspectos fundamentales de la sostenibilidad urbana: la energía limpia y los transportes limpios y en su punto de encuentro: la movilidad eléctrica, uno de los factores decisivos para el futuro de nuestras ciudades pero también para el clima y el medio ambiente en general.  

 

Reducción de las emisiones

Un coche a gasolina emite un promedio de 20 kilogramos de anhídrido carbónico en un trayecto de 100 kilómetros; en cambio, la emisión de un vehículo eléctrico es igual a cero. Si calculamos el ciclo de vida del automóvil, es decir desde la extracción de las materias primas, la fabricación de sus componentes y la producción de electricidad usada durante el manejo, el impacto ambiental de un vehículo eléctrico se reduce sensiblemente.

Los números dependen del conjunto de maneras para generar electricidad de cada uno de los países, pero la emisión de gases de efecto invernadero son inferiores a la de los vehículos de combustión interna: el 60% menos en los Estados Unidos y hasta el 72% menos en Italia, donde la presencia de las renovables sobre el total de la generación eléctrica, ha aumentado rápidamente en los últimos años.

Si un país o una ciudad tuviese un parque de generación eléctrica descarbonizado, la reducción de las emisiones de un vehículo eléctrico respecto a uno tradicional sería del 93%. Las ciudades que están más cercanas a este objetivo son Oslo y Montreal, donde el 95% de la electricidad es producida por centrales hidroeléctricas.

Es necesario agregar a todo esto un elemento fundamental, muchas veces olvidado: los coches eléctricos, además de reducir las emisiones de anhídrido carbónico que comprometen el clima del planeta, reducen las de otros gases contaminantes, nocivos para el medio ambiente y para la salud a nivel local.

 

Buenos propósitos y best practice

Luego de los acuerdos sobre el clima de París 2015, fueron muchas las iniciativas a favor de la movilidad eléctrica realizadas por los gobiernos nacionales, las administraciones locales y las industrias. Alemania, Francia, Reino Unido, Noruega, los Países Bajos y también China e India, declararon su intención de prohibir la producción de coches con combustibles fósiles. Ciudades como Atenas, Madrid, París, Stuttgart y México anunciaron que antes del 2030 prohibirán la entrada de vehículos diésel, mientras que Londres lo hará antes del 2032. 

Los compromisos contraídos por los fabricantes de automóviles son significativos: el objetivo de BMW es el de una producción masiva de coches eléctricos antes del 2020 y presentará al mercado 12 modelos nuevos antes del 2025; Renault propondrá 12 modelos híbridos y 8 completamente eléctricos antes del 2022. Pero están aquellos que alzan la apuesta: Volkswagen brindará una versión eléctrica o híbrida de todos sus modelos antes del 2030 y Volvo, a partir de 2019 no lanzará al mercado más vehículos a combustión.

 

Son más importantes las distancias que el número de vehículos

Según el documento del WEF, alentar a los automovilistas a comprar vehículos eléctricos reduce en parte el problema de la contaminación pero no logra alcanzar los objetivos relacionados con las emisiones: para un verdadero cambio de paradigma, la estrategia más eficaz es la electrificación de los coches. Los medios de transporte, las flotas comerciales y el carsharing son los vehículos que pasan más tiempo en las carreteras y que recorren más kilómetros: es en este ámbito donde podría hacerse la diferencia.

Además de la electrificación de los vehículos es importante tener en cuenta el recorrido. Por ejemplo, si suponemos que en el 2030 el 85% de los coches en Estados Unidos seguirá siendo a combustión, la electrificación de los trayectos podría alimentar el 35% de las distancias; en cambio, si se pensara en un modelo basado sobre todo en la electrificación de los automóviles privados, la cantidad sería de tan solo el 7%.

El informe del WEF pone en evidencia además las ventajas económicas y ambientales de la recarga inteligente, la cual permite optimizar los tiempos y las modalidades de carga según la red eléctrica, los tipos de generación de energía y las exigencias económicas de los clientes: si se evitan los momentos de máxima demanda y se aprovechan aquellos en que las fuentes renovables producen más electricidad, se reducen los gastos, se ayuda a estabilizar la red y se aumenta la cuota de electricidad de fuentes limpias.

Para valorizar estas oportunidades se necesita un sistema tarifario dinámico y un conjunto de smart grids digitalizado, que permita a los clientes (sobre todo a los dueños de flotas de coches eléctricos) programar las cargas con la modalidad más eficiente. Los servicios energéticos avanzados representan una de las claves de la sostenibilidad.

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