Biodiversidad, pasión y ciencia juntas desde hace 25 años

Biodiversidad, pasión y ciencia juntas desde hace 25 años

El 22 de mayo se celebra el Día Internacional de la Biodiversidad: Enel se presenta a la cita con un balance de 158 proyectos desarrollados en 16 países, de Colombia a Sudáfrica

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Para proteger la biodiversidad no basta con amar a los animales y a las plantas. La pasión debe ir acompañada por un serio enfoque científico. Son dos aspectos complementarios de una acción eficaz: cada uno de los dos es fundamental pero serían insuficientes el uno sin el otro.

Con ese espíritu queremos participar en el Día Internacional de la Biodiversidad que se celebra el 22 de mayo. Este año, el tema es el aniversario de la entrada en vigor del Convenio sobre Diversidad Biológica, hace ya 25 años: la ocasión perfecta para celebrar los resultados alcanzados con la mirada puesta en objetivos cada vez más ambiciosos.

 

La política de Enel y los objetivos de la ONU

Un Grupo internacional como el nuestro hace de la protección de la biodiversidad uno de sus objetivos estratégicos. Ya en 2015 adoptamos una política de biodiversidad, y nuestro compromiso en este sector se corresponde con dos de los objetivos de desarrollo sostenible (Sustainable Development Goals – SDGs) de la ONU: el #14 (vida submarina) y el #15 (vida de ecosistemas terrestres).

Nuestras iniciativas están orientadas a las regiones en las que actuamos, con el objetivo de salvaguardar los ecosistemas pero también de favorecer la investigación científica y apoyar a las comunidades locales. Nuestras instalaciones se convierten así en catalizadores de proyectos de protección del medioambiente y desarrollo social. Nos encargamos de la conservación de los hábitats, de la reintroducción de especies particulares y de la replantación de la flora autóctona, a menudo en colaboración con centros de investigación y observatorios de la naturaleza.

Ya hemos puesto en marcha 158 proyectos en 16 países: desde Chile hasta Rusia, desde España hasta Estados Unidos, desde Italia hasta Guatemala, desde Rumania hasta Sudáfrica, por una superficie total de 1,94 millones de hectáreas de áreas protegidas.

 

Fiordos, selvas tropicales y desierto

En Huinay, Chile, en la región de Los Lagos, la Fundación San Ignacio del Huinay, fundada en 2001 por Enel Generación y Universidad Católica de Valparaíso, gestiona una reserva natural de 34 mil hectáreas con el fin de defender y promover el patrimonio biogeográfico de la zona. Se trata de una región casi inexplorada y con un gran valor natural, caracterizada por fiordos, selvas y glaciares. La Fundación actúa en varias líneas de actividad como, por ejemplo, la investigación científica, la conservación de la biodiversidad y el apoyo a la comunidad local.

Desde las aguas frías hasta las tierras calientes: las selvas tropicales secas son un ecosistema de riesgo y poco protegido. En Colombia, hemos puesto en marcha un programa para ampliar en 11 mil hectáreas el área de la selva seca de Huila, la más grande del país. Desde la fase piloto se descubrió una nueva especie vegetal endémica; además, se crearon unas zonas protegidas y se fundó el primer centro de investigación práctica dedicado a las selvas tropicales secas del país.

Viesca, en México, es una localidad situada al borde del desierto de Coahuila. Aquí también hemos intervenido dedicando un área a la repoblación de la flora y la fauna, en colaboración con International Union for Conservation of Nature (IUCN). Desde los fiordos a las selvas tropicales y hasta el desierto: tres ecosistemas símbolos de tres proyectos significativos.

 

Flora y fauna de las zonas húmedas

Más pequeño, pero no menos importante, es el bosque de Comana, en las regiones húmedas de Rumania. Aquí contribuimos a plantar 22 mil robles en una de las áreas naturales más importantes del país, donde el número de estos árboles era cada vez menor.

Las zonas húmedas también son importantes para la nidificación de las aves. El área de Priolo Gargallo, en Sicilia, desde hace años es la sede de uno de nuestros proyectos para la reproducción de los flamencos, que se ha vuelto ya un fenómeno de interés turístico. Llevamos a cabo iniciativas parecidas también en la Toscana y en Lombardía para las cigüeñas, mientras que en Emilia nos hemos dedicado a los nidos de los halcones.

 

Soluciones innovadoras

Entre nuestros numerosos proyectos en Italia, cabe destacar el sistema de escaleras para la migración de peces que realizamos en el río Po. Dotada de soluciones tecnológicas, entre las que destacan las cámaras de monitorización, la instalación favorece la repoblación de especies ictiológicas, empezando por las que corren peligro, como el esturión adriático. También en Cerdeña trabajamos para proteger a las anguilas facilitando su reproducción.

Uno de nuestros proyectos más completos es el de As Pontes, en Galicia, donde realizamos un lago artificial. La actividad de repoblación ha incluido mamíferos, aves, peces, anfibios, reptiles y plantas. El proyecto se ha convertido en un punto de referencia a nivel global y fue galardonado con importantes reconocimientos, entre los cuales se destaca el Premio Fondena, conferido por el Rey de España.

La lista podría llegar a ser muy larga. Pero merece la pena citar al menos un caso más. El lince ibérico es una especie felina típica de la Península Ibérica. Estaba bastante difundida hasta hace pocas décadas, sin embargo actualmente está en peligro de extinción. Por ello, se está llevando a cabo un proyecto de repoblación, en el que contribuimos con un sistema de drones capaces de localizar y monitorizar los desplazamientos de los linces, para así facilitar datos fiables sobre su población, lo que representa un ejemplo de convergencia entre nuestra pasión por la biodiversidad y la vocación por la innovación científica.