Los millennials, la generación del (car) sharing

Los millennials, la generación del (car) sharing

Poseer ya no es una prioridad: las nuevas generaciones prefieren compartir, y no solamente por motivos económicos. Por ejemplo en el sector automovilístico, donde el coche compartido está reemplazando un sistema que parecía inmutable

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“Imagine no possessions”. John Lennon sí tenía visión de futuro. Pero quizás tampoco él apostaría que su sueño se convertiría en realidad precisamente gracias a la generación que vino al mundo tras su fallecimiento.

Se trata del fenómeno que la revista Forbes ha llamado NOwnerhsipno-propiedad. Parece que las nuevas generaciones prefieren el acceso a la posesión y la experiencia a la propiedad. Esto se aplica al coche, a la casa y a muchas otras cosas: para los millennials comprar objetos no tiene el mismo valor que tenía para sus padres y abuelos. Pensemos tan solo en la música y las películas: ¿Cuántas personas de la generación crecida con la tecnología peer-to-peer le regalarían a alguien un CD o un DVD? Una tendencia que ha empujado a los juristas Aaron Perzanowski y Jason Schultz a hablar hasta de “The End of Ownership”, de fin del concepto de propiedad.

 

No solo digital

La idea de sharing nació primero en el mundo digital para extenderse después al mundo físico, aun manteniendo una relación muy fuerte con la tecnología. “La economía colaborativa (sharing economy) ha sido posible gracias a la eficiencia extraordinaria del mercado digital y a unos jóvenes adultos algo escépticos que quisieron confiar en los sistemas de evaluación peer-to-peer”, explica Paul Taylor quien, en colaboración con el Pew Research Center, llevó a cabo una amplia investigación sobre las nuevas generaciones, según la cual el consumo colaborativo “seguirá creciendo, aunque no creo que las personas renunciarán para siempre a la idea de la propiedad”.

Para la inglesa Rachel Botsman, autora de Who can you trust?, el libro de referencia sobre el consumo colaborativo, “mi generación está pasando de la cultura del yo a la cultura del nosotros”. La difusión del sharing ha sido rápida gracias a la tecnología y, especialmente, “a la colaboración a través del smartphone en la era de la conexión permanente”.

 

Experiencias, no objetos

Caren Maio es una millennial de éxito, fundadora y CEO de una empresa que se ocupa de leasing inmobiliario. En su opinión, “en apenas una década, el sueño americano de tener una casa en propiedad ha perdido buena parte de su encanto. Por el contrario, el alquiler, que durante mucho tiempo fue considerado como una solución provisional, se está presentando poco a poco como la nueva elección de los americanos”.

Sin embargo, el alquiler no es la única opción. Es un signo de los tiempos que la danesa Space10, empresa derivada de Ikea, y la estadounidense Anton & Irene hayan puesto en marcha el proyecto One Shared House 2030, sobre el futuro del co-living (evolución del coworking en el mercado de la vivienda) en el que participaron más de 80 mil personas de todo el mundo. De acuerdo con el Financial Times, “de Nueva York a Londres, de Nueva Delhi a Shanghái, los millennials están sobrepasando las barreras que separan la casa, el trabajo y el ocio compartiendo espacios para ahorrar tiempo y dinero y entablar nuevas amistades”.

Por los visto, las nuevas generaciones prefieren gastar su dinero en conciertos, deporte, centros de bienestar, restaurantes y viajes que en adquirir una vivienda con prestamos a pagar durante varias décadas. Incluso la idea de un futurista paseo en el espacio les atrae mucho más a los millennials que a las otras generaciones. Las experiencias son consideradas ingredientes imprescindibles del bienestar, a poder ser en compañía. Jóvenes pero sabios: han entendido que los recuerdos no te los puede robar nadie y que no pierden valor con las crisis financieras. No es de extrañar entonces, que en Estados Unidos las ventas de inmuebles residenciales hayan bajado considerablemente en menos de diez años, mientras que aumenta el gasto en eventos y espectáculos. Una tendencia que ha se ha bautizado“Experience economy”: después de bienes y servicios, ahora se venden experiencias.

 

El coche ya no es un símbolo de prestigio

Lo que está ocurriendo en el sector del automóvil es aún más evidente. El coche era un fetiche, un símbolo de prestigio, para muchas personas casi una prótesis o una extensión de ellas mismas. La compra del primer coche era un acontecimiento inolvidable, un rito de paso como cumplir los 18, la graduación o sacar el carnet de conducir.

Hoy en día la “obsesión por el coche” (como lo ha denominado el sociólogo estadounidense Gary Cross) está desapareciendo. En su lugar, asistimos al incremento del coche compartido, del recorrido compartido o del autostop organizado. Las nuevas generaciones son pragmáticas: un coche en propiedad cuesta unos 30mil dólares, se devalúa a cada kilómetro recorrido y queda inutilizado el 90% del tiempo. Por no hablar de los gastos de mantenimiento, del seguro, del carburante y de los aparcamientos. Mejor pagarlo solo cuando lo usas (pay per use) o utilizar la bicicleta. Un modelo social que había superado crisis económicas y guerras mundiales y que parecía inquebrantable se está desmoronando delante de nuestros ojos.

Todo nos lleva a considerar que este cambio al que asistimos no va a ser una moda pasajera sino una tendencia general. Lo confirman los post-millennials, es decir los jóvenes que nacieron después del año 2000, que están saliendo de la adolescencia pero que ya muestran tendencias parecidas a las de sus hermanos mayores. “Dentro de 25 años el car sharing será la norma, y el coche en propiedad una anomalía”, afirma el economista Jeremy Rifkin.

Las preferencias y el comportamiento de los jóvenes consumidores han provocado a un cambio profundo también en la industria. Las empresas con mayor visión se están adelantando a las tendencias futuras del mercado. Los grandes fabricantes de automóviles, desde Mercedes a General Motors, desde FCA a la empresa china Lynk & Co, participan en iniciativas de car sharing y producen vehículos ya preparados de serie para ser compartidos. Por supuesto, con la mirada puesta en los clientes más jóvenes.

 

Las ciudades del futuro

¿Cuáles serán las consecuencias de esta revolución? Por lo que se refiere al desarrollo urbano podemos ser optimistas. Con menos coches particulares en circulación se podrá reducir el tráfico, mejorar la calidad del aire en las grandes ciudades y la calidad de vida de sus habitantes. Se necesitarán menos espacios para aparcamientos y muchas áreas urbanas podrán ser recuperadas y convertidas en espacios verdes. Por otra parte, uno de los motivos (aunque no el principal) que hacen que los millennials rechacen el viejo modelo del coche en propiedad es la protección del medioambiente. Y con razón: lo que está en juego es su futuro, su mundo.

Las ventajas medioambientales del car sharing aumentarán a través del uso de vehículos eléctricos, una combinación muy popular sobre todo entre los más jóvenes. Por otro lado, el car sharing podrá a su vez favorecer la difusión de la movilidad sostenible ya que la transición a los vehículos eléctricos no se realizará de manera individual, sino que serán decisiones aplicadas en bloque a flotas enteras. Todo ello a favor del medioambiente y de nuestra salud.

Si damos solamente un paso adelante, llegamos a los vehículos autónomos. ¿Ciencia ficción, quizás? La tecnología ya está lista y se están llevando a cabo pruebas en todo el mundo; también en este caso la industria automovilística se está adelantando al cambio. Por ejemplo, en 2016 el CEO de Daimler Dieter Zetsche anunció que su empresa iba a apostar por el modelo CASE, o sea “connected, autonomous, shared, electric” (conectado, autónomo, compartido, eléctrico). En las ciudades del futuro circularán flotas de vehículos autónomos de car sharing: eliminaremos el cansancio que produce el conducir y, con la reducción del tráfico, tardaremos menos en desplazarnos y disminuirán los accidentes.

Solo estamos al comienzo de esta revolución. Pero es un comienzo que ya está cambiando nuestros hábitos y la vida en nuestras ciudades. Gracias a la generación (car) sharing. Los bisnietos de John Lennon. 

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